Afinando Habilidades


Photo: Studiomill

¡Nuestro piano está desafinado y eso me vuelve loco! Estuvo afinado hasta hace unos años, pero ya no. Los viernes por la noche, cuando la familia se reúne alrededor del piano para cantar, tenemos otros instrumentos que deben “apoyar” las “teclas desafinadas” del piano. Mi hija toca el violín y mi hijo acaba de comenzar con las clases de violonchelo. Yo toco la guitarra y, mi esposa, el piano. Cuando todos tocamos no suena tan mal. El reto es “ajustar” el momento. Ciertas teclas del piano producen escalofríos en mi espalda.

Como soy el tipo de persona hazlo-tú mismo (porque siempre estoy queriendo ahorrar dinero) he investigado en algunas páginas por internet acerca de cómo afinar el piano y me compré un equipo barato a través de la web. “Esto no parece tan difícil,” pensé. Bueno, después de un par de intentos, el equipo está dentro de su estuche junto al piano y llenándose de polvo. Afinar un piano no es tan fácil como “suena”. Tengo muy buen oído para afinar mi guitarra, pero ni siquiera con un afinador electrónico podría afinar un piano porque posee habilidades que están un poco más adelantadas que mi nivel. ¡He llegado a sentir mucho más respeto por los afinadores de piano ahora!

Carencia de Armonía

Mantener afinados los instrumentos musicales es como mantener nuestros corazones en sintonía con Dios. Las tensiones de la vida cotidiana pueden estirar tanto las cuerdas de nuestro corazón que nos hagan desafinarnos. Si hacemos suficiente ruido lograremos ahogar las teclas que no están a tono. Pero en la tranquilidad del día, cuando las distracciones quedan a un lado, podemos escuchar al Espíritu Santo hablando a nuestra mente, mostrándonos la falta de armonía que existe entre nosotros y el cielo. Si aprendemos a escuchar cuidadosamente, escucharemos la discordia que hay en nuestra vida.

He descubierto que el mejor momento para poner mi corazón en sintonía es en los momentos de quietud que cada día tengo con Dios. Al leer las Escrituras, escribir mis pensamientos y orar fervientemente, oigo los suaves acordes de la verdad divina que me llaman para ajustar mis pensamientos. Confesar mis pecados al Señor es una manera de afinar mi corazón. La alabanza a Dios, es otra. Pedir ayuda autoriza a Cristo a estirar más de mí, para que sea más amoroso con los demás. Al igual que mi piano, debo mantener mi vida afinada con Dios, y eso requiere más que unos pocos ajustes de mi parte. Necesito un Afinador Divino con habilidades muy por encima de lo que mis torpes dedos pueden lograr.

“Tú, Señor, eres mi Dios y fortaleza. Tú, Señor, me das pies ligeros, como de cierva, Y me haces andar en mis alturas” (Habacuc 3:19).

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Por Curtis Rittenour. Derechos © 2012 de GraceNotes. Todos los derechos reservados. Traducido por Chari Torres. El uso de este material está sujeto a pautas de uso. El texto bíblico ha sido extraído de la versión REINA-VALERA CONTEMPORÁNEA © 2011.

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Okra y Mangos


Fotografía: Paul Phillips

Me he convertido un poco en hippie gracias a algunos libros que hablan de las ventajas de comer frutas y verduras de la estación. Diremos, simplemente, que los productos cosechados localmente y a los cuales se les permite madurar por un tiempo más largo (aumentando su nutrición y sabor), es apoyar a los granjeros locales y reducir las emisiones de carbón provenientes de las aerolíneas o de los tractores remolcadores.

Sin embargo, la gran dificultad que he encontrado al alimentarme de esta forma es la incapacidad de tener a la mano el comestible que deseo en el momento que lo deseo. Por ejemplo, las manzanas no maduran en mayo en mi zona. Tampoco puedo comprar mangos en diciembre, espárragos en octubre o albahaca en enero. He debido aprender a aprovecharme de cada temporada y a disfrutar de los productos que crecen durante ese tiempo.

La semana pasada me quedé extática observando las primeras bolsas de okra en los anaqueles del supermercado (sí, a menudo me divierten esas cosas). A mi familia le encanta la okra y la hemos extrañado durante meses.

Pero lo que más me gusta es incorporar estas lecciones alimenticias en mi vida espiritual.  Me gusta aprender a sentirme asombrada –extática– con cada nueva etapa de la vida que llega en vez de quedarme sin recursos, agobiar al planeta o quebrantar el corazón de mi Padre tratando de conseguir algo que no es correcto o bueno para mí en ese momento.

Impaciente

A menudo me impaciento con los roles y situaciones que Dios pone en mi vida. Trato de escapar de ellos e intento adelantarme a los planes de Dios o, simplemente, me niego a participar en la parte del viaje en la cual me encuentro. Es fácil para mí observar las etapas de la vida de los demás y desear estar allí… comiendo sus mangos. Es divertido cuando hablo con esas personas en relación a la etapa en que se encuentran, ¡a menudo admiten desear tener algunos de mis espárragos! Todos sabemos que ese césped no siempre es el más verde; pero a menudo lo vemos así.

Oro para comprender que Dios me ha llamado a especializarme, a agonizar en ello, a orar y a deleitarme en la etapa de mi vida en la cual me encuentro. Sé que si lo hago, descubriré lecciones extraordinarias, desarrollaré talentos y tendré una comprensión de Él que me permita aferrarme y que no tendría si me adelantara o tratara de ignorar este momento de mi vida.

“Todo tiene su momento oportuno; hay un tiempo para todo lo que se hace bajo el cielo…  un tiempo para esparcir piedras, y un tiempo para recogerlas; un tiempo para abrazarse, y un tiempo para despedirse; un tiempo para intentar, y un tiempo para desistir; un tiempo para guardar, y un tiempo para desechar” (Eclesiastés 3:1, 5-6).

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Por Joelle Yamada. Derechos © 2012 de GraceNotes. Todos los derechos reservados. Traducido por Chari Torres. El uso de este material está sujeto a pautas de uso. El texto bíblico ha sido extraído de la versión NUEVA VERSION INTERNACIONAL ® 1999.

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He visto a Jesús


Fotografía: Doreen Salcher

¿Se ha sentido deprimido alguna vez? ¿Ha deseado que su vida hubiese sido diferente? ¿Ha anhelado que las situaciones y adversidades que tuvo que enfrentar no le llegaran a afectar del modo que lo han hecho? En más de alguna ocasión, todos hemos sentido que la vida ha sido injusta con nosotros… hasta que Alguien nos hace cambiar de forma de pensar.

Hubo una mujer a quien no le faltaron motivos para sentirse desesperada y angustiada. Llevaba una vida difícil. Sufría de lapsos de tiempo en que perdía la noción de las cosas. Cuando “volvía en sí” notaba que los hombres le sonreían maliciosamente y que la mayoría de las mujeres del pueblo de Magdala, la rehuían, como si tuviese lepra.

Jesús en el Pueblo

Un día sus amigas le contaron que Jesús estaba en el pueblo. Corrieron a verlo, pero cuando llegaron ante su presencia, María se desvaneció. Él se acercó y tomó una de sus manos. Su pulso comenzó a latir normalmente y su vista dejó de estar perdida en un punto impreciso. Ya recuperada, escuchó las más bellas historias contadas por aquel Hombre de Nazareth. En ese instante sintió que el yugo que la había dominado por años, la abandonaba para siempre. Estaba curada. ¡Jesús la había sanado! Desde aquel día María le entregó su vida y todo lo que era.

Usted y yo podemos tener ese mismo encuentro con Jesús. Las experiencias tristes y duras quedarán atrás si camina junto a Él. Nadie dice que será un sendero de rosas, pero sí me atrevo a asegurarle que nunca experimentará con nadie más aquel sentido de pertenencia que le hará sentir Jesús. ¡Deje que hoy mismo el Maestro de Galilea le cambie la vida a usted también!

“Yo estoy seguro de que nada podrá separarnos del amor de Dios: ni la vida, ni la muerte, ni los ángeles, ni los espíritus, ni lo presente, ni lo futuro, ni los poderes del cielo, ni los poderes del infierno, ni nada de lo creado por Dios. ¡Nada, absolutamente nada, podrá separarnos del amor que Dios nos ha mostrado por medio de nuestro Señor Jesucristo!” (Romanos 8:38-39).

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Por Chari Torres. Derechos © 2012 de GraceNotes. Todos los derechos reservados. Traducido por Chari Torres. El uso de este material está sujeto a pautas de uso. Los textos han sido extraídos de la versión TRADUCCION EN LENGUAJE ACTUAL, © 2002.

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Es Sólo Humo


Fotografía: Lucretious

“Luego me puse a pensar en todo lo que había hecho, y en todo el trabajo que me había costado hacerlo, y me di cuenta de que nada de esto tenía sentido; todo había sido como querer atrapar el viento…” Eclesiastés 2:11.

Un par de años atrás, una importante cadena de televisión transmitió un programa que enfureció a los ilusionistas de todas partes. El programa dejó al descubierto la forma en que ellos realizan los trucos a través de varios métodos, especialmente de accesorios y engaño sugestivo. Un artista anónimo develó el secreto de uno de sus trucos mágicos, confesando que efectivamente utilizó artefactos para que la audiencia creyera en un acontecimiento que realmente no estaba ocurriendo. La verdad se hizo innegable: los espectadores eran literalmente manipulados psicológicamente a través del uso de humo y de espejos.

El maligno ha utilizado exitosamente a través de los siglos un tipo espiritual de humo y de espejos en una cantidad inaudita de personas. Este “accesorio” temporal que descarrila a tantos, no es otro que el espejismo y el sutil susurro dentro del corazón humano de que “la buena vida” solamente puede ser alcanzada a través del éxito, la riqueza y las posesiones materiales que uno adquiere por un espacio corto de vida.

Uno de los hombres más ricos y sabios de la historia cayó presa de esta misma ilusión, y después de haberlo visto todo, comprado todo, y experimentado todo lo que el mundo tenía que ofrecerle, proclamó, “Nada de esto tenía sentido… como querer atrapar el viento.” ¡El rey Salomón sabía lo que estaba diciendo! Tuvo a las mujeres más hermosas con sólo una seña y una llamada, y era tan rico que la Biblia dice que la plata llegó a ser como comunes piedras en su ciudad. El hizo lo que quiso, cada vez que quiso y dondequiera que quiso. Nada fue dejado a su imaginación. Pero al final de cuentas, todo era apenas una ilusión. La paz verdadera, dijo Salomón, es encontrada en seguir y tener una intimidad espiritual con el Dios eterno.

Su historia es una gran ilustración para aquellos en el mundo de hoy que todavía creen que algún día, sin saber cómo, de alguna manera, alcanzarán la felicidad si solamente tienen un poquito más. Pero sólo Dios puede traer satisfacción y paz plena a nuestro corazón. ¡Todo lo demás, es un espejismo, una ilusión, “humo y espejos!”

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Por Michael Temple. Derecho de autor © 2012 de GraceNotes. Todos los derechos reservados. El uso de este material está sujeto a pautas de uso. Traducido por Chari Torres. Los versículos bíblicos han sido extraídos de la versión BIBLIA PARA TODOS, traducción en lenguaje actual ® 2003.

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Liberado


Fotografía: Danilevici Filip

Durante los años 1700, Frederick II, rey de Prusia, visitó una prisión en Berlín. Mientras interactuaba con los presos, fue bombardeado con protestas de inocencia de parte de ellos. “¡Fuimos acusados injustamente, incriminados, inculpados!” Esas fueron las quejas que los presos le confiaron.

En medio del tumulto, el rey se fijó en un hombre que estaba sentado solo, en una esquina. A la pregunta del rey de por qué había sido encarcelado, el preso contestó: “Por robo con armas, Su Majestad”. “¿Eres culpable?”, preguntó el rey. “Sí, Señor,” contestó el hombre. “Merezco mi castigo.”

El rey, sorprendido, dio la siguiente orden: “Liberen a este culpable. ¡No quiero que corrompa a todos estos inocentes!”

En el mundo de hoy se les puede conmutar sus sentencias a algunos de los condenados y liberarlos antes del tiempo requerido. Sin embargo, en la mayoría de los casos es porque una nueva evidencia en su ADN ha revelado su inocencia. Rara vez un hombre o una mujer confiesan ser culpables de un crimen. Pero cuando lo hacen, casi nunca son puestos en libertad sin haber cumplido totalmente su condena.

La Economía de Dios

Tampoco sucede en la economía de Dios. El Señor libera a los culpables, pero sólo cuando han confesado sus culpas.

Otra persona de la realeza dotado de un talento musical, era el rey David, quien ejerció una gran influencia en el libro de los Salmos. El autor declaró: “Desde mi angustia clamé al Señor, y él respondió dándome libertad” (Salmo 118:5). Aunque no tenemos la seguridad de que David sea el autor de ese salmo, ciertamente calza perfectamente frente a su situación. Aunque antes de eso, ya David había confesado a Dios su pecado de adulterio y asesinato.

Nuevamente, en el Salmo 146:7, leemos lo siguiente: “…y pone en libertad a los cautivos.”

David no estuvo preso. Él era un rey. Pero antes de su confesión y del perdón de Dios, sus crímenes y pecados lo habían encarcelado en la jaula de la culpa. Las barras que lo aprisionaban no estaban hechas de hierro, sino de angustia. Cuando confesó, ¡el perdón de Dios rompió los grilletes y el rey David quedó en libertad!

El Señor está esperando hacer lo mismo con cada uno de nosotros. Sea lo que fuere que a usted lo tenga encarcelado emocionalmente (o físicamente), detrás de las barras usted puede y será perdonado si se confiesa ante Jesús. “Si confesamos nuestros pecados, Dios, que es fiel y justo, nos los perdonará y nos limpiará de toda maldad” (1 Juan 1:9).

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Por Kathy A. Lewis. Derechos © 2012 de GraceNotes. Todos los derechos reservados. Traducido por Chari Torres. El uso de este material está sujeto a pautas de uso Los textos bíblicos han sido extraídos de la versión NUEVA VERSION INTERNACIONAL ® 1999.

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Una Llamada del Pasado


Photo:Alex Brosa

Fue un martes del mes de abril, cerca de las 9 de la noche cuando recibí una llamada telefónica de un número desconocido. Iba rumbo a casa después de jugar básquetbol en el gimnasio de nuestra iglesia. No sabiendo quién era, decidí no contestar esperando que quien fuera que estaba llamando, dejara un mensaje. Y así fue. Había un mensaje en el buzón de voz de mi teléfono cellular. Era de un viejo amigo. Amigo de los días del colegio. Hacía por lo menos 10 años que no sabía nada de él. Durante los últimos veinte años lo había visto sólo una vez y por menos de dos horas. Me llamaba para decirme que iba a estar en Orlando durante el verano.

En vez de contestar inmediatamente su llamada, mi mente retrocedió al pasado cuando compartíamos apartamento. Comencé a revivir algunos momentos graciosos y otros incidentes que no lo fueron tanto. Mientras aquel antiguo video pasaba por mi mente, me di cuenta que algunas de las cosas que hacía antes no las haría hoy. Entonces escuché vívidamente la frase que siempre me decían mis padres: “Dime con quién andas y te diré quién eres.”

¿Existen personas o amistades que usted sabe que tiene que separar de su vida? Las malas compañías corromperán la buena moral. Dios desea que crezcamos constantemente en Él. En 2 Timoteo 2:21 y 22, Dios nos anima a separarnos de aquellas influencias corruptas.

No era una Buenas Influencia

Por favor, no me malentienda. Yo no digo que mi amigo era malo. Lo que pasa es que me di cuenta que cuando éramos jóvenes no pensábamos en las consecuencias de nuestras acciones. Estoy seguro que podríamos decir lo mismo el uno del otro: “No era una buena influencia para mi vida”.

Muchas otras cosas también pueden influenciar su pensamiento. Tenga cuidado con lo que permite que entre en su mente. Sea cuidadoso con lo que lee y mira. No preste atención a cosas que lo arrastrarán cuesta abajo. Recuerde, Dios desea que usted viva una vida abundante. Él quiere que lo refleje para que pueda obrar Sus propósitos a través de su vida.

Me rodeo de personas que me ayuden a crecer en mi caminata cristiana –personas que contribuirán a que alcance el potencial que Dios me ha dado; personas que me elevarán hacia Él.  Mientras lo hago, Dios obrará en y a través de mí, de manera que pueda ser bendición para otros. Yo deseo vivir como un conquistador.

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Por Irving Santiago. Derechos © 2012 de GraceNotes. Todos los derechos reservados. Traducido por Chari Torres. El uso de este material está sujeto a pautas de uso. El texto bíblico ha sido extraído de la versión REINA-VALERA © 1995.

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Una Voz Joven


Foto: Thomas Perkins

Ocurrió mientras conducía por la autopista 405 del sur de California. Era una voz que provenía desde mi espalda. Una voz desde el asiento trasero del carro: “Mamá, escucha a Jesús”.

Ooooooh.

Lo primero que se me vino a la mente y casi lo expresé en forma audible, fue: “Habla, que tu siervo escucha” (de 1 Samuel 3:10). Pero luego me di cuenta que era mi hijo de dos años de edad. Tomó unas cuantas preguntas para que me diera cuenta que lo que quería era escuchar música cristiana. Asombrosamente, escogió la radio cristiana, diciendo: “Ésa, mamá”, mientras yo buscaba las diferentes estaciones.

Y aunque ya había resuelto aquella situación, sus palabras seguían resonando en mis oídos: “Mamá, escucha a Jesús”.

¿Eres tú, Señor? ¿Puede el Todopoderoso hablar conmigo a través de mi hijito pequeño?

Es Sólo un Niño

A menudo decimos que los niños nos enseñan mucho acerca de la paciencia, de la fe y del amor incondicional; pero, ¿realmente estaría Dios hablándome a través de mi hijo? Es sólo un niño. No puede ni abrocharse sus zapatos o pasar la noche sin mojar la cama. Necesita mi ayuda para vestirse y para pelar su naranja. ¿Cómo podría tener la sabiduría del Señor para compartirla conmigo?

He comenzado a creer que nuestros hijos escuchan la voz de Dios más fácilmente que nosotros. Ellos no tienen inseguridades ni defensas alrededor de sus corazones como muchos de nosotros. No tienen expectativas acerca de cómo Dios actuará y están dispuestos a amar de una forma que nosotros no empleamos.

Si Dios anhela llegar a nosotros y hablarnos, ¿no cree usted que Él utilizaría cualquier medio posible? A través de los siglos el Señor ha hablado con Su pueblo utilizando arbustos flameantes, cabezas de hacha flotantes y asnos parlanchines –y la voz de los niños. Debemos estar atentos a cualquier forma que Él esté utilizando para tratar de captar nuestra atención.

Estoy segura que usted puede pensar en algún momento cuando su hijo le dijo algo especialmente importante. Ellos nos preguntan por qué estamos discutiendo con el papá, por qué nos quedamos hasta tan tarde trabajando, por qué no hemos jugado con ellos, por que parecemos tan cansados o tristes y por qué estamos enojados. Sus sencillas preguntas pueden estar insinuando los problemas que debemos arreglar. Escuchar a nuestros niños y respetar sus observaciones es una forma de sintonizarnos con el modo en que Dios desea dirigirnos.

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Por Joelle Yamada. Derechos © 2012 de GraceNotes. Todos los derechos reservados. Traducido por Chari Torres. El uso de este material está sujeto a pautas de uso. Los textos bíblicos han sido extraídos de la versión REINA-VALERA © 1995.

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Bautismo, ¿para qué?


Fotografia: Studiomill

Crecí en una familia y perteneciendo a una iglesia que cree en el bautismo por inmersión; no en unas gotitas de agua sino bajar a las aguas bautismales. Creía que el tiempo apropiado para hacerlo era alrededor de los doce años de edad, momento en que un niño podía tomar una decisión tan importante por sí mismo. 

Cuando tenía unos 10 años de edad decidí que había llegado el momento y fui a comunicarle las buenas noticias a mis padres. Mi sorpresa fue mayor cuando me contestaron que “no.” ¿Sus razones? Mi conducta en el hogar no demostraba que estaba lista para hacer ese tipo de compromiso. Llegué a la conclusión de que nunca sería lo suficientemente buena como para tomar un paso así, y traté de nunca más pensar en ello. 

Cuando mis padres creyeron que ya era el momento apropiado, hicieron los arreglos para mi bautismo. Una tarde, fui llamada a la sala de nuestro hogar para conversar con el pastor de mi iglesia. Iban a realizar un bautismo en la iglesia y habían decidido que yo sería una de las candidatas. Ese bautismo significó muy poco para mí. No había sido una decisión que yo hubiera tomado ante Dios. 

Tal vez usted piense que mi bautismo no debiera haber ocurrido de esa manera y tiene toda la razón. Mis padres estaban confundidos. Luego de 30 años y de luchar contra la depresión y el alcoholismo, fui bautizada nuevamente, y esta vez sí que lo hice conscientemente. 

Seguir el Ejemplo de Jesús 

La decisión de mi bautismo se debió a muchas rezones, pero principalmente a aquella que nos lleva a seguir el ejemplo de Jesús cuando fue bautizado por Juan. Les hizo ver a mis amigos y a mi familia lo que había cambiado en mi interior y me ayudó a aferrarme a la verdad espiritual que manifiesta que la persona que yo era antes había muerto. No fue algo que necesitara llevar a cabo para impresionar a Dios, sino algo que necesitaba realizar por mí misma. Era importante desdeñar a Satanás. Se había apoderado de mi vida por mucho tiempo. Deseaba cubrirme con el agua de la purificación y alejarme para siempre del mal. 

Un predicador amigo se refiere a Satanás como un sabueso. El perro sabueso posee la habilidad de tener un olfato tres millones de veces más poderoso que el olfato humano. Se ha dicho que un sabueso puede detectar un olor hasta después de cinco días. Pero, evidentemente, el sabueso no puede rastrear algo bajo el agua. 

Siendo que Satanás es el sabueso que anda rastreándonos a todos –anda alrededor buscando a quién devorar (1 Pedro 5:8)—¿por qué no pedirle a Jesús que me cubra en las corrientes purificadoras del bautismo? ¿Por qué no iba a desear quitar todo vestigio del mal, sumergiéndome en las aguas bautismales? 

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Por Dee Litten Reed. Derechos © 2012 de GraceNotes. Todos los derechos reservados. Traducido por Chari Torres. El uso de este material está sujeto a pautas de uso. Los textos bíblicos han sido extraídos de la versión REINA-VALERA © 1995.

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Un Amor Perfecto


Fotografía: Studiomill

Si hace mucho que es cristiano, usted probablemente escuchó una y otra vez cuánto nos ama Dios y cómo deberíamos demostrar ese amor a quienes nos rodean. ¿Desearía saber de dónde se consiguió esa información o leímos acerca de ello? Yo lo hice. Me sorprendí, aunque me habían dicho que Dios no sólo me amaba, sino que lo hace no importando cómo estuviera mi vida.

1 Corintios 13:4-8 es una hermosa descripción del amor de Dios. “El amor es paciente, es bondadoso. El amor no es envidioso ni jactancioso ni orgulloso. No se comporta con rudeza, no es egoísta, no se enoja fácilmente, no guarda rencor. El amor no se deleita en la maldad sino que se regocija con la verdad. Todo lo disculpa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta. El amor jamás se extingue…” Qué pauta más maravillosa para tratar de incorporarla en nuestras relaciones con nuestros cónyuges, amistades, padres, hijos y, sí; aún con nuestros enemigos.

Recuerdo habérseme hecho difícil creer que Dios podía amarme luego de haber realizado algo malo. En el libro de James Bryan Smith, titulado “Embracing the Love of God” (Acogiendo el Amor de Dios), declara: “Dios espera y cree –Él ve nuestro potencial incluso cuando dudamos o nos desesperamos. Si Dios es así con nosotros, entonces, como extensiones de su vida, nosotros también deberíamos ofrecer este tipo de amor a quienes nos rodean.” 1

Difícil de Rehusar

Dios nos ofrece un amor difícil de rehusar. Una vez que lo aceptamos, lo único que desearemos es proyectarlo a los demás. Dios anhela que aceptemos Su amor para que habite en nosotros, pero también para que los demás lo reciban tal como nosotros lo hicimos. Esto puede ser difícil de realizar porque sentimos que hay algunas personas que no merecen nuestro amor. Smith sigue diciendo: “No es hasta que amamos a una persona en toda su fealdad, que podemos transformar ese amor en hermosura.”

El amor de Dios es incondicional y eterno. Es un amor perfecto del cual no soy digno, pero que ofrezco porque Dios lo prometió y Sus promesas nunca fallan.

“Queridos hermanos, ya que Dios nos ha amado así, también nosotros debemos amarnos los unos a los otros” (1 Juan 4:11).

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Por Erika Gladden. Derechos © 2012 de GraceNotes. Todos los derechos reservados. Traducido por Chari Torres. Este material está sujeto a pautas de uso. Los textos bíblicos han sido extraídos de la versión NUEVA VERSION INTERNACIONAL ® 1999.

1 Embracing the Love of God: The Path and Promise of Christian Life (Acogiendo el Amor de Dios: Senda y Promesas de la Vida Cristiana), por James Bryan Smith. Harper One, p.46 y p.51.

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La Tumba Vacía


Fotografia: MorgueFile

Cuando pensamos en algo que está vacío, generalmente es negativo: una lata de galletas vacía, un bolso vacío, un tanque de gasolina vacío o una casa vacía. Pero con la Semana Santa ya en el pasado, no dejo de pensar en algo más que está vacía –y me alegro de que así sea –la tumba vacía.

El hecho de que la tumba de Jesús esté vacía es algo que me llena de esperanza. El vacío de Su tumba me otorga la promesa de que algún día nuestro mundo nuevo también estará vacío –vacío de tristeza, de llanto, de dolor y de muerte.

Nunca olvidaré el día en que nuestra hija que entonces tenía cuatro años, me recordó la importancia de una tumba vacía. Fue una tarde normal y pacífica. Estaba sola en nuestra sala familiar cuando sonó el teléfono, dándonos la horrible noticia acerca de nuestra querida amiga.

“¡Nancy!”, una voz lloraba en el teléfono. “¡Mataron a Shannon!” El teléfono comenzó a deslizarse de mi mano y casi me caigo al suelo por el impacto y la tristeza.

Unos años antes, Shannon había sido una fiel miembro de mi grupo juvenil. Era el tipo de adolescente con el que usted podía contar –siempre dispuesta a ayudar, siempre asistiendo a cada reunión y siempre animando a los demás. Era una de las personas más amables que he conocido, había sido la niñera de nuestro primer bebé y era una sierva fiel que dedicó su vida para servir a los demás. Pero ahora, debido a un acto brutal, ya no estaba entre nosotros.

Sientiéndose Adormecida

No recuerdo el resto de aquella llamada telefónica. Lo único que recuerdo es haberme sentido adormecida. Estaba tan impactada que cuando se lo comuniqué a mi familia ni siquiera lloré. Pero después, cenando con mi esposo e hija, las lágrimas comenzaron a fluir.

“¿Qué pasa, mamá” mi hija preguntó, arrugando su frente.

“Querida, estoy llorando porque estoy triste. Hirieron tanto a Shannon que los médicos no pudieron lograr que se recuperara.”

“No llores, mamá,” dijo en tono optimista. “Tú sabes que cuando Cristo venga, ¡Él sacará a Shannon de su tumba!”

Era así de práctico para ella. Y es que Dios lo había prometido y algún día lo haría.

Cuando aquel año llegó Semana Santa, mi hija me dibujó un retrato que coloqué en el álbum de recortes de nuestra familia. Para algunos, el retrato tal vez parezca un montón de círculos, líneas y garabatos. Pero para mí, es lo que ella me dijo que era –el sol brillando intensamente, un ángel en el cielo, María sonriendo y Jesús, cerca de una tumba vacía. Para mí, el retrato habla de la fe de una pequeña que simplemente cree que: así como Jesús prometió que se iría al cielo –y lo hizo–, Él también prometió que resucitaría a aquellos que amamos –y Él lo hará. ¡Aleluya!

“El ángel le dijo: No tengas miedo, porque yo sé que estás buscando a Jesús, que fue crucificado. No está aquí; ha resucitado, tal como dijo que lo haría” (Mateo 28:5-6).

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Por Nancy Canwell. Derechos © 2012 de GraceNotes. Todos los derechos reservados. Traducido por Chari Torres. El uso de este material está sujeto a pautas de uso. Los textos bíblicos han sido extraídos de la versión NUEVA VESION INTERNACIONAL ® 2002.

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Creando Espacios Sagrados


Foto: Helmut Gevert

Vincent Van Gogh, el famoso pintor holandés, compuso un retrato titulado “Niña Arrodillada Frente a la Cuna”. Muestra a una jovencita, con el cabello desaliñado, vestida hasta los tobillos, arrodillándose frente a una cuna. Su mano izquierda está colocada suavemente al pie de la cuna, mientras que la izquierda cuelga a su costado. Ella está mirando a un bebé que duerme pacíficamente dentro de la cuna. 

¿Quién es esta jovencita? ¿La hermana del bebé, tal vez? ¿Qué piensa y siente al observar al bebé? El retrato no revela mucho. 

Pero Van Gogh expresó lo que debe haber tenido en mente al pintarlo cuando escribió lo siguiente en su diario: “Si uno siente la necesidad de algo grande, de algo infinito, de algo que nos haga darnos cuenta de la existencia de Dios, no necesitamos ir tan lejos para descubrirlo. Yo veo algo más profundo, más infinito que el océano en la expresión de los ojos de un pequeño bebé cuando despierta por la mañana, y se arrulla o se ríe porque ve el sol que brilla sobre su cuna”. 

Así como lo demostró a través de su arte, Van Gogh fue bastante experto en descubrir la experiencia de lo divino en lugares improbables o comunes. Crear espacios sagrados a través de la observación y de la reafirmación de la presencia de Dios a nuestro alrededor, es una práctica espiritual profunda –vislumbrar a Dios en los ojos de un pequeño bebé o crear deliberadamente un altar sagrado en algún rincón de su hogar donde se le recuerda la presencia de Dios en su vida y en donde usted presta atención a la presencia de Dios mientras ora –son formas específicas de tallar espacios sagrados para lograr que su corazón apunte en dirección al corazón de Dios. 

Santuario Semanal 

El día sábado es uno de aquellos espacios sagrados que Dios nos ha dado –un santuario regular en tiempo y en ubicación, donde logremos crear ese tipo de espacio para encontrarnos con Dios unos a otros y para conversar y compartir diversas experiencias. La Biblia lo expresa de esta manera: “Acuérdate del sábado, para consagrarlo. Trabaja seis días, y haz en ellos todo lo que tengas que hacer, pero el día séptimo será un día de reposo para honrar al Señor tu Dios. No hagas en ese día ningún trabajo, ni tampoco tu hijo, ni tu hija, ni tu esclavo, ni tu esclava, ni tus animales, ni tampoco los extranjeros que vivan en tus ciudades. Acuérdate de que en seis días hizo el Señor los cielos y la tierra, el mar y todo lo que hay en ellos, y que descansó el séptimo día. Por eso el Señor bendijo y consagró el día de reposo” (Exodo 20:8-11). 

Así como el bebé en la cuna de Van Gogh, el día sábado es para nosotros ese lugar donde podemos ver el rostro de Dios como si estuviéramos prestando atención al arte de Dios que nos rodea. Es el regalo de Dios para ayudarnos a ver “algo más profundo, más infinito que el océano…” para realmente encontrarnos con Dios en forma más profunda. Así que tiene sentido que Dios quiera que “lo recuerde”. ¿No es verdad? 

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Por Greg Nelson. Derechos © 2012 de GraceNotes. Todos los derechos reservados. Traducido por Chari Torres. El uso de este material está sujeto a pautas de uso. El texto bíblico ha sido extraído de la versión NUEVA VERSION INTERNACIONAL ® 2002.

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Una Casa en la Arena


Fotografía: Dreamstime

Mi esposa y yo explorábamos una de las playas de la hermosa costa Oeste de Florida. Nos habíamos alejado bastante del lugar donde nos estábamos quedando.  Al llegar a un área remota de densos árboles, nos asombramos al ver una hermosa y moderna casa en medio del bosque a tan corta distancia de la costa.

Había sido una casa hermosa. Cuando nos acercamos más, vimos que estaba abandonada. El techo se había caído hacia adentro. La casa estaba completamente inundada. La pérdida era total –obviamente–, como resultado de una tormenta acompañada de lluvias torrenciales.

Nos preguntábamos por qué alguien había gastado una fortuna en construir su casa tan cerca de las playas del Golfo de México. Estoy seguro que la vista era espectacular, sin mencionar el placer de dar unos pasos fuera de ella y estar en la playa. Pero cuando los vientos y las olas vinieron, todos los buenos momentos llegaron a su fin.

Casa Soñada

Al estar allí, inspeccionando en silencio lo que había quedado de la casa soñada de una familia, no pude sino pensar en las Escrituras, cuando dicen: “Pero el que escucha lo que yo enseño y no hace lo que yo digo es como una persona tonta que construyó su casa sobre arena. Vino la lluvia, el agua de los ríos subió mucho, y el viento sopló con fuerza contra la casa. Y la casa se cayó y quedó totalmente destruida” (Mateo 7:26, 27, BLS).

Estas palabras de Jesús no hablan solamente del método apropiado de la construcción de una casa. Todos construimos a diario –un edificio que otros tal vez no vean. Construimos una morada del carácter. Su carácter es lo que usted realmente es, al interior, el lado opuesto de lo que la gente piensa que usted es. El carácter es lo que usted hace cuando nadie lo observa. Pero Dio sí lo ve.

Si usted edifica su carácter en la roca sólida de la Palabra de Dios, podrá capear todas las tormentas de la vida que eventualmente llegarán. Pase momentos estudiando la Biblia y orando cada día, pidiéndole a Dios que lo ayude a edificar un carácter saludable, uno del cual no se averguence que Dios vea.

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Por Bob DuBose. Derechos © 2012 de GraceNotes. Todos los derechos reservados. Traducido por Chari Torres. El uso de este material está sujeto a pautas de uso.. El texto bíblico ha sido extraído de la versión Biblia en Lenguaje Sencillo © Derechos 2000.

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Abrázame Fuerte


Foto: Siva Nadarajah

“Abrázame fuerte, Jesús,” oré ansiosamente. Desde jovencita he hecho de la oración una parte importante de mi vida. He orado por un perrito enfermo, para encontrar un zapato perdido o para sacarme una “A” en una prueba en la escuela. Al hacerme grande, mis súplicas se tornaron más serias: un llamado al ministerio, desear como marido a un hombre de Dios, tener bebés sanos. Pero hubo una oración reciente que ha sido la súplica más grande que he hecho. Oré por la vida de mi hermano. 

Hace seis meses atrás, los médicos nos dijeron que su cáncer era inoperable e incurable. Así que hice lo que siempre hago cuando he tenido un problema –se lo entregué a Dios. Lo hice con una montaña de fe, sabiendo que Él podría curar a Dan. Mientras todos sus familiares nos sentíamos impotentes junto a él, sabíamos que Dios era nuestra última y única esperanza. 

No, No Ahora 

Cuando la quimioterapia dejó de funcionar y parecía que la respuesta de Dios era “no, no ahora,” dentro de mi inmenso agobio llegué a preocuparme de mi futura relación con Él. A través del cansancio emocional, temí convertirme en “alguna de esas personas” a las cuales había escuchado quejarse. Personas que se habían enojado y culpado a Dios por la muerte de un ser querido. Personas que lo habían dejado de lado, disgustadas, volviéndose amargadas por el resto de sus vidas. 

Temiendo perder a Jesús en medio de mi dolor, oré: “Abrázame, fuerte, Jesús. No permitas que te culpe o me enoje contigo. No dejes que te abandone ahora cuando más te necesito.” 

Al final, no necesité preocuparme. Cuando mi hermano murió hace tres años, me volví hacia Jesús. Hoy lo necesito más que nunca. Abandonar a Dios significaría que el Enemigo ha ganado la batalla. El cáncer tomó la vida de mi hermano, pero con el poder de Dios no permitiré que se adueñe de mi alma. 

Cuando todo haya terminado, Dios ganará la batalla final por Dan –y por todos nosotros. Jesús y yo transitamos esta ruta juntos. No puedo imaginarme hacerlo sola. Por momentos, se torna oscura y solitaria, aún sabiendo que otros también sufren profundamente como yo. Dios es mi aliento para continuar cada día. Es mi esperanza del mañana. Él ha prometido que algún día yo volveré a ver a mi hermano. 

Hoy y mañana… Abrázame fuerte, Jesús. “Como un pastor que cuida su rebaño, recoge los corderos en sus brazos; los lleva junto a su pecho…” (Isaías 40:11). 

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Por Nancy Canwell. Derechos © 2012 de GraceNotes. Todos los derechos reservados. Traducido por Chari Torres. El uso de este material está sujeto a pautas de uso. El texto bíblico ha sido extraído de la versión NUEVA VERSION INTERNACIONAL ® 1999.

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La Moneda Perdida


Foto: George W. Reither III

El sentimiento de pánico comenzó tan pronto abrí los ojos. ¿Cuándo fue la última vez que vi mi billetera? Palpando mi gigantesco bolso, esperé que la billetera estuviera escondida en el fondo, donde tengo algunos artículos sin los cuales no podría vivir: el estuche del maquillaje, mi lamparita portátil para leer, un calendario, una muestra de alfombra, una muestra de cubrecama, un libro, la cinta de medir, etc. Pero no estaba ahí. 

Todavía en pijama, me puse un abrigo encaminándome hacia el carro con la esperanza de encontrarla. Miré debajo de los asientos una y otra vez, sin ningún resultado. Una llamada telefónica a la farmacia Walgreens tampoco me ayudó –era el último lugar donde yo había estado el día anterior. Hablé con el gerente que trabaja por las mañanas y me dijo que no se había encontrado ninguna billetera en el local. Le pedí que mirara otra vez y regresó diciéndome nuevamente que no había encontrado nada. Seguí orando sin parar.
 
Verifique Una Vez Más 

Después de una rápida ducha, me vestí apresuradamente y me apliqué un suave toque de maquillaje. Con mi certificado de nacimiento y mi pasaporte en la mano, me dispuse a ir al banco y al DMV (Departamento de Vehículos Motorizados) y así comenzar el proceso para restaurar nuevamente mi crédito y obtener mi licencia de conducir. En el camino, decidí pasar a Walgreens, y ver qué sucedía, porque yo seguía orando por ello. En persona y casi al borde de las lágrimas, le pedí al gerente de la farmacia que nuevamente verificara si había aparecido algo. Lo hizo y al momento regresó con mi billetera. 

Para entonces ya lloraba en serio, y le agradecía repetidamente al gerente por su buena disposición para ayudarme. Saliendo de la farmacia, terminé expresándole a tres o cuatro personas más lo agradecida que estaba de que hubiera una persona tan honesta que devolviera mi billetera. 

Jesús contó una historia acerca de una moneda perdida. La mujer de la historia tenía 10 monedas y se le había perdido una –el valor era del sueldo de un día. Buscó y buscó, barriendo aquí y allá hasta que la encontró. Se sentía tan feliz que tuvo que compartir esa experiencia con todas sus amigas. 

En este caso, no tiene que ver con el dinero. Jesús recalcó el hecho de comparar la moneda perdida con el arrepentimiento. Yo no sé exactamente cómo se sentía la mujer cuando perdió su moneda, pero sé la experiencia devastadora que experimenté al perder mi billetera y la alegría desbordante que sentí cuando la recuperé. “Les digo que así mismo se alegra Dios con sus ángeles por un pecador que se arrepiente” (Lucas 15:10). 

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Por Dee Litten Reed. Derechos © 2012 de GraceNotes. Todos los derechos reservados. Traducido por Chari Torres. El uso de este material está sujeto a pautas de uso. El texto bíblico ha sido extraído de la versión NUEVA VERSION INTERNACIONAL ® 2002.

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¿Dichos Bíblicos?


Fotografía: Michael Babic

Un amigo y yo hablábamos de un conocido nuestro que rescató a otro amigo. Mi amigo pensaba que el rescate de la persona se dificultó debido a su falta de cooperación. Mi amigo creía que el rescatista se aprovechó de la situación.

“Tal vez vio su accionar como caridad cristiana”, le dije.

“¿No dice la Biblia que el Señor ayuda a quienes se ayudan a sí mismos?”, me contestó.

Bueno… no. No es así. Sin embargo el sentimiento es noble, aunque sus raíces son paganas. Proviene de las Fábulas de Esopo. Es la moraleja de “Hércules y el Transportista”. Una antigua versión, declaraba: “Los dioses ayudan a quienes se ayudan a sí mismos”.

En muchos sentidos, el dicho es opuesto al cristianismo. Implica que Dios reparte favores basados en nuestros propios esfuerzos en vez que en Su misericordia. A pesar de esto, muchos cristianos –como mi amigo–, creen que el aforismo es divino.

¿Desea otro ejemplo? Considere el siguiente: “La limpieza está junto con la piedad”. Ese también proviene de la Biblia, ¿no es cierto?

No proviene de las cartas de Pablo ni de Pedro como muchos creen. Francis Bacon puede haber acuñado esa frase en el año 1605. John Wesley la utilizó en un sermón en 1791 popularizando el dicho. Eso es interpretación, no Escritura. El Antigüo Testamento habla mucho acerca de las cosas “puras” e “impuras”. Sin embargo, eso no tiene nada que ver con la higiene moderna. Se refiere a la pureza religiosa, y a la necesidad de los Escogidos de mantenerse alejados de los gentiles “impuros”.

Jesús Comió con Pecadores

Los Fariseos criticaron a Jesús y a sus discípulos por violar esas reglas. Jesús partió el pan entre pecadores –tan impuros como los más. Sus discípulos comieron su alimento sin primero realizar el rito de humildad.  El Nuevo Pacto reemplazó al antigüo –un pacto que no era exclusivo solamente para los descendientes. Las viejas normas quedaron afuera.

Lavarse las manos antes de comer y bañarse regularmente son buenas reglas de higiene y de sentido común. Dejar de bañarse una vez, sin embargo, no es pecado. Vivir obsesionados por la limpieza externa en vez de la pureza interna es una característica de algunas religiones, no del cristianismo.

¿Importa que una buena idea provenga de otro lugar que no sea la Biblia?

Importa cuando alguien intenta promover una idea y cubrirla de santidad. Cuando usted declara, “la Biblia dice…” está implicando que su declaración está aprobada por Dios. Es suficientemente malo cuando el error parece inocente. Tales errores no son nada de inocentes. Procuran vender esas ideas seculares a los cristianos para que ellos también las utilicen. Tome algo y agréguelo a la doctrina cristiana. Invente un pasaje bíblico que sostenga la idea o tergiverse las palabras de la Biblia en una segunda declaración. Utilice todo para sostener lo que desea que otros hagan.

La Biblia nos advierte de los falsos profetas. Cristo mismo, dijo: “Porque surgirán falsos Cristos y falsos profetas que harán grandes señales y milagros para engañar, de ser posible, aun a los elegidos” (Mateo 24:24).

No todo lo que dice ser de la Biblia lo es. Verifiquemos antes de creer ciegamente que algo es inspirado bíblicamente.

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Por Mark N. Lardas. Derechos © 2012 de GraceNotes. Todos los derechos reservados. Traducido por Chari Torres. El uso de este material está sujeto a pautas de uso. Los textos bíblicos han sido extraídos de la versión NEW AMERICAN STANDARD BIBLE®.

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¡Monzón!


Fotografía: David Ritter

La semana pasada, un viento devastador sopló sobre nuestro pequeño pueblo en el desierto. La temperatura se elevó sobre los 115 grados y al principio la brisa que empezó a soplar era un alivio de aquel fuego achicharrante.

Pero entonces comenzó el polvo. Mientras manejaba hasta mi casa, una bolsa blanca de supermercado se había quedado atascada de mi parabrisas, arremolinándose y danzando al compás del viento. Ya en el camino de entrada, miré por el espejo retrovisor de mi auto justo a tiempo cuando una piscinita plástica para niños de color azul volaba calle abajo.

Una vez dentro de la casa, miré por la ventana, observando cómo el basurero de mi vecino literalmente volaba por el aire. No estoy bromeando; ¡el basurero jamás tocó el suelo! Y nadie supo dónde aterrizó. Mi vecino aún lo busca alrededor de la cuadra.

De repente, se cortó la electricidad, dejándonos escuchar como único sonido, aquel viento enfurecido. Mirando aún por la ventana de la sala, vi cómo el árbol más grande del patio vecino se venía a tierra. De hecho, mientras hacía mi caminata mañanera al día siguiente, ¡conté 14 árboles caídos! Algunos fueron desarraigados totalmente de la tierra y lucían como soldados muertos en el campo de batalla. Otros se rompieron por la mitad, y sus grandes ramas se quebraron como si fueran pequeños fósforos.

Sólo el día anterior a este incidente, aquellos árboles se habían erguido majestuosamente, otorgando algo de sombra para cobijarnos del sol abrasador de Arizona. Hoy, ya no existen. Mientras caminaba por el vecindario, me preguntaba por qué. Aparentemente, sus raíces no eran lo suficientemente fuertes para sostenerlos o, tal vez, se erguían solos, sin un apoyo o ayuda cercana. De cualquier forma, fueron arrancados del suelo por el dañino monzón.

Lanzados de Aquí Para Allá…

El apóstol Pablo menciona algo similar en el Nuevo Testamento. En el libro de Efesios, él habla acerca de crecer en la plenitud y en la estatura de Cristo. En el capítulo 4, versículo 14, nos insta a que “ya no seremos niños fluctuantes, llevados por doquiera de todo viento de doctrina…” Es decir, necesitamos estar arraigados e interiorizados tan profundamente en la Palabra de Dios, para que no seamos sacudidos, quebrantados o engañados por la siguiente teoría e idea popular que sople cerca nuestro.

La versión bíblica TRADUCCION EN LENGUAJE ACTUAL lo pone de la siguiente manera: “Ya no seremos como niños, que ahora piensan una cosa y más tarde piensan otra, y que son fácilmente engañados por las falsas enseñanzas de gente astuta que recurre a toda clase de trampas.”

Llenar nuestra mente cada día con la Palabra de Dios hará que desarrollemos un sistema de raíces fuerte, que llegará al fondo de nuestros corazones. El pasar momentos hablando con Dios a través del día, nos proporcionará un refugio y un apoyo para que cuando el monzón de la vida sople inesperadamente, no nos agite, sino que podamos erguirnos firmemente y hacerle frente.

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Por Kathy A. Lewis. Derechos © 2012 de GraceNotes. Todos los derechos reservados. Traducido por Chari Torres. El uso de este material está sujeto a pautas de uso. Los textos bíblicos han sido extraídos de las versiones REINA-VALERA © 1995 y TRADUCCION EN LENGUAJE ACTUAL © 2002.

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Nuevas Oportunidades


Fotografía: Dreamstime

¿Cuán fácil es caer en un hoyo? Tan fácil como se dice. Corra lo suficientemente rápido, distráigase por fracciones de segundo y lo próximo que sabrá de usted es que está bajo tierra, lleno de oscuridad y de tierra.

Correr la carrera espiritual es difícil, pero seguir adelante cuando siente que debe detenerse, lo hará adquirir confianza. Sentir que sus piernas se fortalecen más y que su respiración se vuelve más fácil, lo hará adquirir confianza. Sentir confianza es algo bueno, pero puede ser peligroso cuando se deposita en un lugar equivocado. Durante los últimos años he cometido algunas equivocaciones en mi vida personal. Al decir “algunas” quiero decir muchas, y cuando me refiero a “mi vida personal”, declaro que también he afectado la vida de otros. Estuve en un hoyo espiritual; en uno bastante profundo. No hace mucho que me di cuenta de ese problema: había depositado mi confianza en mí misma y no en Aquel que me ha dado la fuerza para correr.

No somos seres autosuficientes; necesitamos a Cristo en cada aliento, en cada paso, en cada milla de nuestra senda espiritual. Desafortunadamente, el orgullo se entromete en el lugar donde debiéramos depositar nuestra confianza en Dios. El orgullo se apodera de todo y de repente sentimos que hemos sido nosotros que han llegado lejos, que han reforzado a otros y que ellos también están corriendo debido a nuestra fuerza. ¿Chequeo de la realidad? Fuimos creados por Dios, provenimos del polvo de la tierra –que también es creación de Dios. No somos nada y Él lo es todo.

Atrapados en Nuestra Propia Humanidad

Darnos cuenta que somos totalmente inútiles, no es nada fácil. Es en aquel hoyo en que estamos atrapados por nuestra propia humanidad que nos humillamos a nosotros mismos y buscamos a Dios, admitiendo que somos un caos. Luego, totalmente impotentes, sentimos que somos extraídos del hoyo. Dios nos deposita nuevamente en tierra firme. Él nos ha dado una nueva oportunidad para seguir corriendo. A mí, me puso en un nuevo lugar, en una universidad con personas que aman a Dios, respirando un aire nuevo con miles de oportunidades. El hueco que había en mi vida ya no está más.

Es tentador dejar que la culpa nos gobierne, porque no merecemos la maravillosa gracia de Dios, pero debemos olvidar lo que está atrás y esforzarnos por lo que está frente a nosotros, siguiendo hacia nuestro objetivo principal: el cielo (Filipenses 3:12-14).

Así que usted ha caído en un hoyo. Una vez que sea extraído hacia afuera, quítese el polvo.  Luego de dar unos cuantos pasos, mire hacia atrás por un momento; quizá se sorprenda al notar que donde había un hoyo, ahora sólo hay tierra firme. Luego, siga corriendo, agradeciendo a Dios con cada respiro suyo; incluso, con aquellos más difíciles.

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Por Raquel Levy. Derechos © 2012 de GraceNotes. Todos los derechos reservados. Traducido por Chari Torres. El uso de este material está sujeto a pautas de uso. El texto bíblico ha sido extraído de la versión NUEVA VERSIÓN INTERNACIONAL ® 1999.

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Mi Acompañante


Fotografía: Dreamstime

No hay semáforos en el pueblo donde nací. Sólo señalizaciones de tránsito. En esta etapa de mi vida, vivo en las afueras de una de las metrópolis más pobladas de los Estados Unidos.

Debido a que crecí rodeada de calles sin mucho tráfico, las autopistas, carreteras con peaje y las intersecciones tienden a causarme más estrés que el de alguien acostumbrado a la vida de ciudad. Aprender a estacionar el vehículo en forma paralela y entre conos, y mantenerme en mi carrilera ¡fueron mis grandes dilemas cuando aprendí a conducir!

Ahora, cuando necesito guiar por una autopista programo mi GPS de manera de asegurarme de llegar a tiempo y a mi destino. Cuando la voz de la cajita me dice que debo “permanecer a la derecha”, a veces tengo que escoger entre cinco carrileras con motos, camiones –grandes y pequeños–, buses y carros a mi alrededor.

De algún modo, me sentía nerviosa debido al control médico que tendría dentro de poco, añadiendo el hecho que esa oficina en particular está ubicada en la misma ciudad, en el distrito del hospital, y aquello estaba fuera del territorio que yo conocía.

Encendí la radio para tener compañía. ¿Puede creer que las primeras palabras que escuché del cantante fueron “no temas”? Sucedió tan rápidamente como lo cuento. No conocía ni el nombre del cantante, ni el título de la canción. Lo único que sabía era que se trataba de una radio de música cristiana.

Razón Adicional para Tranquilizarme

La segunda canción me dio una razón adicional para detenerme. Incluía las palabras “confía en mí” y hablaba de tranquilizarse y de depositar nuestras preocupaciones en Aquel que estará con nosotros en nuestras aflicciones.

No cerré mis ojos mientras conducía; pero hice una oración silenciosa a mi Padre Celestial, agradeciéndole por enviarme mensajes que Él solamente sabía que necesitaba.

Llegué a mi destino, anoté mi nombre en la lista de pacientes, pagué mi parte del seguro médico y me dijeron que pronto me vería el doctor (he llegado a comprender que eso es bastante relativo).

Cuarenta y cinco minutos después la enfermera me llamó, me pesó y me tomó la presión. Luego me llevaron a otro cuarto sin ventanas y sin nada atrayente para mí. La enfermera me dijo: “Él estará con usted en un minuto” (me he dado cuenta que ese también es otro término muy relativo).

Durante el tiempo que esperé la llegada del doctor, leí. El minuto del cual habló la enfermera resultó ser el tiempo suficiente para leer tres capítulos de mi libro. Y entonces, sucedió otra vez. Sentí de nuevo una oleada de nerviosismo. Estaba sola en una habitación muy desinfectada, cuando las palabras que escuché en la radio volvieron a mí: “No temas. Confía en Mí”.

No estaba sola. El Pacificador estuvo allí todo el tiempo. Sólo necesitaba ajustar mi enfoque.

“El Señor es quien me ayuda; no temeré. ¿Qué me puede hacer un simple mortal?” (Hebreos 13:6).

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By Carole Kilcher. Copyright © 2012 by GraceNotes. All rights reserved. Use of this material is subject to usage guidelines. Scripture taken from the NEW INTERNATIONAL VERSION ®.

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